Radio Ciudad de La Habana: nota reescrita (colaborativa) para un doble homenaje

A la memoria de Sigfredo Ariel y de la Radio Ciudad de La Habana que yo conocí

(2020)

Sigfredo me corrigió apenas publiqué la nota en Facebook “Radio Ciudad, una historia que contar”. Hace exactamente una década. Por el uso del “usted”, me quedé con la sensación de que no le gustó mucho que me hiciera eco de los rumores relacionados con la muerte de María Gregoria.

Estimado Álvaro: Algún día se hará la historia de esa estación, a la que alguna vez llamamos «la diferencia», que no es exactamente como usted la ha narrado en su apasionado artículo. Gracias por recordar a Maritza, Federico, Gladys, D’Pérez, y a los queridísimos Robert y María que EPD. Esta última no falleció por la causa que Ud. supone, fue un horrible accidente doméstico, justo en los días en que algunos de sus amigos intentábamos que regresara al micrófono. Le reitero mi agradecimiento por recordar los nombres de algunos compañeros de RCH, y me permito sumar otros, algunos de ellos en FB: María Luisa Morales, Danilo José, Viñoly, Jaime Almirall, Jaime Jr., Xavier Rodríguez, Cary Otero, Marcos Castillo, Iván Latour, Lupe, Albertico Rodríguez Tosca, Ramoncito, José Luis Bergantiños y Azucena Leal, entre otros. Muchas gracias. Sigfredo Ariel”.  El poeta y realizador aprovechó el mismo hilo del post, para referirse a una nota que días previos había escrito yo para recordar una emisión del programa “La Banda Sonora de la Mañana” donde Miriam Ramos, de quien era muy cercano, estuvo como invitada: «Le hice llegar ayer su artículo anterior a Miriam Ramos”.

El artículo escrito, con la pasión que Sigfredo le conocía a quienes hacen radio, generó comentarios que son parte del sentido y ánimo colaborativo de las redes sociales. Las opiniones que aparecieron aportaron a lo que yo había pensado, desde mi vivencia personal, era un homenaje a uno de los proyectos radiofónicos más notables que haya tenido la radio cubana en Revolución. Por eso me permito, incluir algunos testimonios para reescribir y revivenciar esa publicación en un día triste para la radio en cuestión, para la literatura cubana y nuestra cultura. El día en que el cáncer se llevó a uno de los prolíficos protagonistas de esta historia que, seguramente conté con las traiciones de una memoria selectiva y una experiencia más corta que la de otros muchos. Los comentarios aportaron nombres que, con el poco rigor de la red, se me habían olvidado injustificadamente.

“¡Qué memoria Álvaro! Coincido contigo. Radio Ciudad fue, por esos años mozos, una escuela de jóvenes realizadores. El talento florecía en aquellos estudios. Compartí con Camilo Egaña, Sigfredo Ariel, Joel Valdés, Frank Delgado, Alberto Rodríguez Tosca, entre otros. Formé parte del quehacer de la Radio Joven cuando Edelsa Palacios me sumó al equipo. Sí, aunque por esos años formaba parte de la plantilla de Radio Rebelde, tuve la oportunidad de que me contrataran en su noticiero, del cual soy fundador. En Pulso 15 rompimos, hasta donde se pudo, los viejos esquemas. El equipo de jóvenes periodistas como María Emilia Michelena, Juan Carlos Pérez e Ileana Ortega, entre otros, propiciaron un cambio en el mensaje y la forma de contar la noticia. Aunque muchas veces navegábamos en contra la corriente, Pulso 15 fue la nave que se mantuvo a flote gracias al empeño de ellos y otros colegas que se propusieron hacer un noticiero que no desentonara con el estilo de aquellos programas que forman parte de la memoria colectiva y son una referencia para una generación de cubanos que valoró la buena radio”, comentó el periodista y realizador Juan Carlos Roque quien dice, de manera delicada, acerca de la preocupación del equipo de la radio para que los programas informativos se sumaran dignamente a la transgresión de estilo y búsquedas de nuevas formas que allí se generó.

Alejandro Pérez Pozo, un joven realizador que llegaba entonces desde la radio de la Isla de la Juventud, se incorporó cuando Radio Ciudad ya tenía ganado su prestigio y había probado exitosamente sus “fórmulas mágicas”. “Mil gracias por tus excelentes memorias.
Tuve el privilegio de trabajar un par de años en Ciudad y reconozco que fue la escuela necesaria. Lázaro Sarmiento, Carlo Figueroa, Espí y muchos otros me hicieron escuchar la música cubana de otra forma, me ayudaron a reconocerla. También me siento feliz por haber trabajado con gente muy profesional y de los que guardo recuerdos especiales. Gracias de veras por insistir en que no queden en el olvido tantos años de buena radio
”, escribió.

Un eslabón entre aquella generación fundadora y quienes hoy le ponen voces y alma a una emisora que nunca más he escuchado es el premiado y muy intelectual radialista Lázaro Sarmiento, cuya experiencia, memoria y sensibilidad para narrar es siempre un aporte. De manera indirecta, y como él sabe hacerlo, notó que mi remembranza había olvidado, imperdonablemente, mencionar el Programa de Ramón: “Hace unos días, Ramón Fernández Larrea, el creador de uno de los grandes sucesos de la radio en los ochentas, El Programa de Ramón (otro título abrepuertas de Radio Ciudad) me decía que ese programa tenía una magia añadida: unir gente a través de la memoria. Yo le había comentado antes que mucha gente en la actualidad en La Habana continúa recordando ese espacio. Una magia similar reúne a personas en esta sorprendente matrix de Facebook, como diría Federico Wilkins, las cuales en diferentes épocas estuvieron vinculadas a “la emisora joven de la capital”. Wilkins descubrió a Roilé y transformó Actividad Laboral gracias a la formula de los programas musicales de éxito. Estas crónicas de Álvaro alimentan una nostalgia que parece enriquecerse a medida que maduramos. Ahora mismo estoy recordando los días de Musicalísimo, con María Gregoria y Danilo José (nunca he sabido del destino de este “guajiro” talentoso), a Joel Valdés, entrañable en mi memoria, con el que disfruté muchísimo haciendo la Banda Sonora de la Mañana, que casi improvisábamos al aire…los tiempos de Radio Futuro, realizado entre José Hugo, Sigfredo Ariel y yo, y su Señor Memoria, El Viajero Valiente y Gladys Roque, Alberto D Pérez, Robert Martín y otra vez Danilo…luego Café Ciudad con Gladys Roque, Frank Alemán y más tarde Carlo Figueroa… Si hiciéramos un blog sobre Radio Ciudad, como proponía Alexis Núñez Oliva hace un par de años, no sé lo que sucedería. En todo caso, lo importante es que la nostalgia siga siendo lo que era antes”.

(2010) La nota escrita Radio Ciudad, una historia que contar

¡Qué bueno , una radio para jóvenes¡ – dijo Fidel Castro el día de la inauguración, tras escuchar aquel slogan inicial de la radio joven de la capital. Algunos de los presentes se encogieron de hombros y aceptaron el nuevo desafío de complacer al jefe, o al menos de no contradecir públicamente su errónea interpretación. Radio Ciudad NO nació como una radio para los jóvenes de la capital de país. Lo de la frase se refería exclusivamente a que era la emisora más nueva que aparecía en el espectro de La Habana. Sin embargo, su inauguración el 26 de Julio de 1978, en medio de las celebraciones del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, no hizo más que acrecentar la duda hasta el punto de que hoy el discurso jura que es una radio para la juventud. La misma página oficial de la frecuencia así lo dice.

Me lo contó con detalles María Gregoria, un día en que sentados en un escritorio del edificio N de El Vedado – a donde se fueron los estudios definitivamente – repasamos su vida como la voz que identificó la emisora; una voz que a pesar de que hace 10 años no escucho resuena en mis oídos con una dulzura infinita, y hasta con añoranza. Ya no la volveremos a escuchar, sino en grabaciones. María Gregoria murió inexplicablemente, dicen que de locura. La noticia me llegó desde lejos hace unos años y me apretó el pecho. Fueron muchos años teniéndola, primero, en mi equipo receptor; después, en los pasillos de la emisora o en los estudios de grabaciones. Cuando la recuerdo creo escuchar su voz, repitiéndomelo: la radio joven de la capital.

María Gregoria, junto a Robert Martin, fueron las voces que han identificado a Radio Ciudad de La Habana. A ellos dos se sumaba Gladys Roque, que hoy vive fuera de Cuba pero que la recuerdo con un timbre y tono demasiado exclusivos como para que nunca encontremos ninguna otra voz parecida. Los tres poseían la experiencia, la técnica, la escuela y la disciplina adquirida con tantos años de radio en el cuerpo. Y con un entusiasmo pocas veces visto en el medio, pusieron su profesionalismo y credibilidad al servicio de las nuevas ideas.

Recuerdo a Robert, canoso, yendo a grabar con puntualidad inglesa y paso lento, de tono fuerte pero encantador. Identifico su voz con el rescate de los valores del patrimonio musical cubano que le tocó protagonizar en los estudios de Ciudad. De presentar en Radio Progreso, quizás, a Alfredito Rodríguez o algún timbal de moda, llegaba a recordarnos a los grandes con las voces y en los escenarios de antaño. Muchos desconocidos, muchas glorias en los tiempos del olvido, muchos muertos, incluso exiliados, desfilaron en las producciones musicales de programas como El Fonógrafo de Robert (quizás entonces uno de los pocos programas que recuerdo con el nombre de su figura principal, algo que el sistema mediático cubano miraba entonces con pavor). A la experiencia de estas voces, se unieron las ganas y el talento de una generación de artistas e intelectuales.

Mientras los realizadores radiales del país sufrían por los porcentajes y se las ingeniaban para burlar la política de difusión para artistas y discos internacionales, un grupo de talentosos jóvenes decidieron que brindar por lo nuestro no era una obligación sino un gusto que tenían que compartir con todos. Y lo hicieron con placer y ganas, lo que se tradujo en excelentes e inolvidables programas que no venían con la factura tradicional de la fábrica cubana. Quizás ese fue el mayor plus de la programación que, durante varios años, la emisora puso en antena como un verdadero regalo para sus oyentes, para la historia de la radio cubana y para nuestra cultura.

Y no exagero. Algunos eran poetas o escritores devenidos guionistas para la radio. Otros cinéfilos, músicos o musicólogos, balletómanos,… Casi todos tenían algo que decir o, al menos, sabían lo que querían decir. Otra gran diferencia con el panorama tradicional que exhibía el poderío de un colegio de locutores, técnico y conservador, más interesado en la forma engolada y en el texto políticamente correcto para repetir con puntos y comas que en el efecto real de la comunicación y la recepción del mensaje. En vez de “aprender” nos enseñaron a “hacer” una radio más real, más natural e indiscutiblemente de un nivel cultural como ninguna otra emisora de programación variada, de todas las existentes en Cuba. Radio Ciudad durante mucho tiempo no hizo concesiones.

Recuerdo un punto de giro que entonces consideré lamentable. Creí que proyectos musicales populares como Disco Fiesta 98, venían a “ensuciar” la impecable parrilla programática, aunque en aras de la nobleza lo que salía al aire en ese horario ya no aportaba nada y merecía ser reemplazado por cualquier otro programa.  Hoy tengo una opinión mucho más moderada –al menos en lo que respecta a la radio- y menos elitista que entonces. Entonces aquella cierta vulgaridad que yo encontraba en Roilé Rodríguez –a veces escandalosa– fue un aporte para la radio, en general.

Si bien la música bailable era patrimonio de Luis Ríos Vega, Ramón Espigul (Radio Rebelde) o de María Antonia Álvarez (Radio Progreso), con cierta ascendencia monopólica sobre los músicos de moda y su poder, muchos de ellos también se fueron con sus discos a una radio que no era de cobertura nacional. ¿Por qué los salseros, soneros y cumbieros cubanos comenzaron a mirar con buenos ojos una pequeña radio hecha por y para gente elitista, y a veces –hay que decirlo– medio engreída? Antes de que los tradicionales programadores de música, Federico Wilkins, Lázaro Sarmiento y Roilé Rodríguez (quien debe haber sobrevivido a varias sanciones) probaron fórmulas inconcebibles entonces en la radio local y que pertenecían más al terreno de la publicidad y el marketing.

El día que escuché por primera vez la misma canción repetida pensé que era un error. Nunca lo fue. Es una fórmula que hoy usa la publicidad en todo el mundo en sus tandas comerciales para asegurar el recuerdo de marca. Y ese método lo conocí hace 15 años en Radio Ciudad de La Habana cuando, como en el lenguaje publicitario, intentaban hacernos repetir y pegar el disco quizás más conveniente.

Más allá de las confusiones, concesiones o definiciones, Radio Ciudad fue una escuela en la formación de los gustos estéticos y musicales de toda una generación, dentro la que me cuento. En sus programas aprendí a escuchar a Sindo Garay, Bola de Nieva, Barbarito Diez o María Teresa Vera. Hay espacios que quedaron para siempre en mi memoria, algunos de los cuales imagino que aún se escuchan, aunque no sea con los protagonistas originales: Los Grandes Todos, Brindis por lo Nuestro, El Complot de los Compactos, El Show de la Nostalgia,… Pero la parrilla también fue dadivosa en estilos y gustos musicales, Giros, Pizarra Azul, Rapsodia Latina, Melomanía, Musicalísimo, Disco Ciudad o Terapia.

Hubo programas de compañía que pertenecen a mi memoria y de los cuales debe haberme quedado algo de conocimiento: Palabras contra el olvido (increíble y recordada siempre Albis Torres), Una historia que contar, Cambiando de Tema (con Lupe María Romero), Hablar de Poesía o Café Ciudad. Además de los programas y de los nombres que ya he mencionado, hay otros que suenan como si estuviéramos en una sesión de entonces: Danilo José (recuerdo que a inicios de los 90 desapareció sin que nadie supiera donde estaba y un día lo vi de vuelta. Seguro andaba de parranda), Maritza Isla, Braulio Cancio, Edda Esquivel, Gladys Wilson, Joel Valdés, Xavier Rodríguez, Armantina Almiñaque, Juanito Camacho, Luis Margarita, (faltan muchos). Federico Wilkins, a quien me he encontrado por estos días en Facebook, fue mi primer director en Ciudad. Lo conocí cuando con 17 años la periodista Mariela Díaz me llevó con él para que participáramos en un programa que se llamaba Rienda Suelta. Maritza Isla conducía ese programa de Wilkins. Ella vivía en Alamar y las guaguas… ya sabes de esos años. Tiempo después, no llegó a tiempo e Ivón Liantaud (que entonces, y no puedo recordar bien el ciclo de sucesión en los programas, lo dirigía) me lanzó al aire. Era 1991 y yo conducía mi primer programa de radio en toda mi vida, y era justo en Radio Ciudad de La Habana. El primer tema que presenté era Sol y Lluvia, de Charly García.

Ivón dirigió también a Camilo Egaña en Buenas Noches, Ciudad o El Sonido de la Ciudad. Recuerdo que muchas veces me quedaba en el estudio, después de Rienda Suelta, para disfrutar de Camilo en aquellas noches y aquella radio donde se ganó el apelativo de Infante Terrible de la radio cubana. El capítulo Valdés-Egaña es memorable en la historia de esa radio. Ellos intentaron, en un dueto increíble, hacer un aporte en donde no había llegado el talento creativo de los realizadores: los programas del área de prensa.

La parte informativa fue siempre la menos feliz de Radio Ciudad de La Habana, tenía el mismo diagnóstico, o la misma enfermedad, que el resto de nuestra programación informativa. No obstante, recuerdo ejercicios importantes o experimentos para lograr sacar de aquella inmovilidad el desfile de noticias y de cintas intrascendentes.

La emisora quiso colocar sus talentosos realizadores, conductores y guionistas para mejorar la programación informativa.… Hicieron desfilar por sus programas de noticias a importantes voces y rostros de la radio y televisión nacional. Recuerdo a Joel Valdés relanzando un alicaído De todo, tras años de mortandad que quedó tras el paso de Alberto De Pérez y los mejores tiempos del programa. Joel llevó a Rosalía Arnáez y después Castillo, incorporó a Jossie Jiménez. Recuerdo aquel programa local dando estados del tiempo, como loco, de montones ciudades del mundo, como si fuera un programa de señal internacional. En esos días compartí lectura de noticias con Betty Ferrer y Omi Soria, una muchacha entonces con una energía y ganas de vivir increíbles.

Recuerdo también a José Hugo Fernández tratando de hacer maravillas en Pulso 15, un noticiario que después se convirtió en Diario Hablado, pero que de la mano de José Hugo se ganó varios premios en festivales radiales.

Mencioné a Betty Ferrer y la recuerdo, además de por sus hermosos ojos verdes, por su tono y su técnica. Hace poco le dije, al encontrarla en las redes sociales, que ella fue una apuesta en silencio que me hice a mí mismo al escucharla. Era una de las grandes promesas informativas de nuestro medio. Hoy vive fuera del país y quizás la radio no sea motivo de su vida, pero existe una oportunidad sería excelente un retorno al medio; juventud y talento tiene.

Quizás el programa más logrado, entre todos los que tenían noticias y entrevistas, era Hoy; exclusivo para temas artísticos de actualidad. En mis años de universitario era infaltable escuchar “El Cartel Cultural de la Ciudad”, para ver a qué rincón irnos a enajenar con un poco de cultura. Por allí pasaron muchos; creo que María Gregoria lo hizo al inicio, pero mis recuerdos están en el Hoy, de Alfredo Balmaceda; después pasaron Carlos Figueroa y Abel Álvarez,…

Otro de los logros de ciudad fue haber tenido el ingenio de hacer sus propios dramatizados y programas infantiles. Mientras Radio Arte repartía con su industria de telenovelas capítulos a todas las emisoras del país, recuerdo en que en los estudios de Radio Ciudad, los locutores, directores, y hasta músicos, se convertían en actores de guiones y realizaciones propias. Lo mismo en el área infantil donde recuerdo especialmente Quiero Hablar Contigo, del talentoso poeta Sigfredo Ariel. Más tarde, -creo que fue Joel Valdés– crearía el Buenos Días, Personita que hizo la niña Alejandra. Con ella y su madre, me tocaría trabajar cuando me hice cargo a finales de los 90 de la Banda Sonora de la Mañana.

Si bien mi carrera se caracterizó por hacer una radio informativa, en mis gustos e intereses personales Radio Ciudad fue “la radio”. Y sus nombres fueron parte del círculo de esos amigos imaginarios que quienes estamos en la comunicación sabemos que no alcanzan siempre a formar parte de nuestros amigos reales.

En 1996, Radio Rebelde me entregó una hora del domingo, 12.00 Meridiano, para hacer un programa a mi pinta. Así nació Pretextos para un domingo. A la asesora en ese entonces le fascinó el proyecto y lo sacamos adelante. Betsy Acosta fue la locutora que escogí, amiga y excelente profesional de la radio. Fue una gran fiesta que ella aceptara y disfrutar hacer esa hora de radio. La crítica que recibí de vuelta fue: “Este no es un programa para Radio Rebelde, es un programa para Radio Ciudad”. De todas formas, demoraron años en sacarlo del aire y con él me di otro de mis grandes caprichos en la radio. En 1998 ganamos el Primer Premio del Concurso Anual de Periodismo de la UPEC, a pesar de la presión del área de programación porque no parecía “radio nacional”. El capítulo premiado fue una emisión donde conversábamos con Polito Ibáñez, otro artista que conocí en Ciudad.

No importa si hoy Radio Ciudad de La Habana es o no esa emisora de antes; creo que lo importante es rescatar la experiencia y los momentos que regaló como no lo hizo otra estación cubana. Y que para muchos fue una escuela que no se olvida porque, tal como he dicho en otras ocasiones, fue –  quizás- uno de los pocos experimentos comunicacionales que asumidos, bajo el modelo de control y centralismo del Partido Comunista, tuvo resultados.

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