Alberto D´ Pérez televisando con la palabra

De la serie «Los muertos que me perdí»

Ha muerto en El Vedado, en La Habana, el periodista cubano Alberto D´ Pérez. Tal como me aclarara Jaime Almirall Suárez, su amigo y compañero de radio, la D´ era la contracción del segundo nombre: Dionisio. Alberto formó parte del equipo de colegas y profesionales del medio que, en la década del 80, tuvieron el permiso para cambiar la forma y flirtear con mejores contenidos; licencia que terminó en un período de dura sobrevivencia económica y con las incomodidades que algunos de estos nombres comenzaron a generar en los censores por “desvaríos” editoriales, tal como he conversado con protagonistas de esa época en mi reciente proyecto de DiásporaRadio.

Foto: Donikian 1986. De izquierda a derecha: Daniel Torres (creador de Exclusivo), Robertico Nuñez (realizador de sonido, fundador junto a Mariano Álvarez), Alberto D´ Pérez y Jorge Ibarra (El Uruguayo, conductor y director fundador de Haciendo Radio)

Durante las entrevistas que he hecho durante los últimos meses, varios profesionales se han referido a él y al privilegio de haberlo tenido como parte del equipo de proyectos y programas: además de Jaime, Roberto Cavada, Ramón Fernández Larrea, Perla Marina Alcober, Frank Díaz Donikián… Es de esa forma que he podido conocer otros episodios del Alberto D´Pérez que yo conocí y que se relacionaban, sobre todo, con su sección de la Sala Internacional del Satélite, del programa Haciendo Radio.

D´ Pérez fue fundador del informativo de las mañanas de Radio Rebelde. El 2 de julio de 1984, en la madrugada de estreno del programa de El Uruguayo, Alberto ocupaba la posición con la que se hizo querido y conocido por la audiencia masiva, a nivel nacional. Desde una pequeña cabina, en la parte trasera del antiguo estudio de transmisiones de la emisora, creó un “imperio” donde él –desde la radio-  juntó periodismo, espectáculo, ritmo y televisión. En años en que las audiencias cubanas no tenían acceso a la televisión mundial por cable o satélite, no existía internet, la TV oficial era restrictiva con noticias producidas por medios foráneos y “La Antena” o “El Paquete” estaban lejos de ser una posibilidad imaginada, Alberto Dionisio Pérez hizo que los cubanos pudieran escuchar televisoras del mundo. Su posición informativa o miniestudio fue bautizado al aire como “Sala Internacional del Satélite” y su slogan para cerrar cada intervención fue “Televisando con la palabra”.

Su nombre estaba en el equipo de profesionales que –personalmente- escogió el director Juanito Hernández para que, junto a Jorge Ibarra (El Uruguayo), le dieran vida a la nueva revista. En una entrevista de esos tiempos con Ángela Oramas, D´ Pérez dijo que “un logro de Haciendo Radio es mantener su independencia formal, fuera de esquemas e imposiciones dogmáticas, lo que contribuyó a sacar la revista de la lentitud y el aburrimiento. Desde sus inicios buscó formas que revolucionaran su contenido informativo: introdujo el servicio de satélite, una cabina instalada en la sala de los teletipos y el carro móvil en la calle con reportero y la información ganó en rapidez y amenidad. El respeto al oyente es lo primero en nuestro trabajo”. 

Con tres pequeños televisores de nueve pulgadas, una máquina de cinta para grabar noticias que no coincidieran con el momento de micrófono abierto, un reloj analógico con fondo blanco, un parlante, un audífono con micrófono integrado y una teclera con 6 opciones para escoger las señales que se enviaban desde la verdadera sala del satélite del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), creó un mundo imaginario para los oyentes que describían aquella sala como un lugar mágico lleno de televisores donde se podía ver un mundo que para ellos estaba vedado. Nada más lejos de la realidad. Era un minúsculo cubículo desde donde un experimentado periodista mostraba sus dotes y, además de informar, despertaba la imaginación de su público.

Así lo recuerda, Frank Díaz Donikián, colega de esa época: “Alberto Dionisio Pérez era un espectáculo en sí mismo, porque él dominaba el Inglés a la perfección y hasta hacía traducciones simultáneas de lo que estaba presenciando. También era un apasionado por la aviación, y cuando la TV internacional reportaba un accidente aéreo en cualquier confín del mundo, ahí era cuando Alberto se daba banquete explicando las posibles causas del desastre”.

Y para corroborar las palabras de Donikián, entre las opciones de la teclera había canales en inglés que sus reemplazantes identificaríamos para no enviar la señal a los monitores. Alberto hacía un derroche de sus habilidades y mientras traducía o contaba los contenidos de reportajes o informes de NBC, ECO, CBS, CNN o ABC, de su voz escuchábamos cómo se vestían los Presidentes, cómo eran sus aviones, qué pasaba en las protestas e, incluso, quienes aparecían risueños o con mala cara en las noticias.

Hoy podríamos discutir cuánto aportaba ello o si tanta puesta en escena con descripciones  de ese tipo influían en la objetividad de la entrega informativa, pero para entonces  -no había duda- D´ Pérez era el protagonista del momento de mayor carga dramatúrgica de la radio cubana. Su trabajo de esos años “Televisando con la palabra” lo convirtió en el periodista internacional más ágil, sagaz e informado que yo recuerde en la radio de Cuba.

Fui su oyente en los despertares de provincia y el destino me llevaría al mismo lugar donde su nombre quedó para siempre. Por aquella “Sala del Satélite”, pasarían después –en orden (hasta donde recuerdo)- Guillermo Moralés Catá, yo, Raúl Garcés y Ana Teresa Badía. Ya he contado otras veces cómo, tempranamente y apenas comenzando a estudiar Periodismo, llegué allí de la mano de Roberto Cavada y Magaly García Moré. Y aunque ya Guillermo había dejado su estilo, el nombre de D´Pérez era un referente que muchas veces se me convertía en un fantasma. “Porque Alberto D´Pérez hacía…”, “Porque si Alberto D´Pérez hubiera estado…”, aquellas frases dejaban en mí un sabor amargo porque me preguntaba cuándo podría hacerlo como él. Nunca, fue la respuesta. Ninguno de sus sucesores, por más amor, profesionalismo y voluntad que le pusimos pudimos igualarlo. Su rol allí nunca fue reemplazado, quedó como un legado, una herencia, un referente.

Una vez titulado, yo llegaría a ser Director de Emisión de Haciendo Radio, bajo la dirección informativa de Antonio Moltó. Para los aniversarios del programa siempre invitábamos a algunos fundadores para que ocuparan sus posiciones informativas en el programa. Recuerdo haberlo invitado en dos ocasiones, en dos 2 de julio,  (en la segunda mitad de los 90) para que hiciera la Sala Internacional del Satélite. Tenerlo allí era motivo de emoción para los compañeros del equipo original que aún trabajaban en el programa; y para el resto, un orgullo. Cada vez que iba a salir al aire, nos agolpábamos para escucharlo.

Con su partida, el reconocido periodista que tuvo una primera carrera de medicina en los años 50 en la Universidad de La Habana, deja una historia que incluyó su paso por Prensa Latina, corresponsalías internacionales, la Televisión Cubana y varias emisoras de radio, además de Radio Rebelde.

Radio Ciudad de La Habana fue una de las estaciones donde dejó imborrables recuerdos de su trabajo. Precisamente, la noticia de su muerte llegó a los colegas y profesionales del medio, a través de una publicación en redes sociales que realizara el escritor y realizador radial Ramón Fernández Larrea.  “Temprano en la mañana de este domingo 17 de enero me han llamado de Cuba para una mala noticia: ha muerto en La Habana este amigo, Alberto D. Pérez, periodista de los buenos, y un hombre simpático como pocos. Fue fundador de El Programa de Ramón (EPR) y una de sus tres voces esenciales. Estuvimos muchos años sin vernos, mandándonos recados a través de su hijo. Lleguen a sus hijos mi abrazo y mi tristeza. Los miembros de EPR que quedamos llevaremos con nosotros el recuerdo de Alberto D, su alegría, su humor y su profesionalismo”.

En Radio Ciudad de La Habana también sería una de las voces que le dio vida a De Todo, revista de facilitación social dirigida por José Hugo Fernández. Alberto compartiría la conducción con María Luisa Morales y Jaime Almirall Suárez. Su rol allí sigue en el recuerdo de muchos, aunque él humildemente nunca se creyó el centro del programa. Alguna vez comentó que su trabajo “era más bien de un moderador  porque hay un colectivo de periodistas y corresponsales.  El objetivo de este programa es tratar de hacer que los servicios a la población funcionen bien, que exista respeto para tratar al público”. 

Los estudios de Radio Progreso también fueron escenarios para su labor radial.  Allí hizo Puente Sonoro de la Amistad que describió así “un espacio en vivo transmitido en la madrugada, en el cual yo dialogaba con oyentes que llamaban para comentar diferentes asuntos, pues los temas eran diversos y abiertos”.

Tras la pérdida inconfesa de las licencias editoriales que el Partido Comunista entregó a la radio cubana en la década del 80, y las urgencias que imponía el Período Especial para sobrevivir a la debacle económica, D´ Pérez capitalizó su dominio del inglés y experiencia internacional y encontró empleo en la oficina del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, en la Habana. En ese momento de su vida lo dejé, al partir yo de Cuba.

La noticia de su fallecimiento, a pesar de la edad que debería tener, sorprendió y dolió a quienes le conocimos. Con la muerte de Alberto Dionisio Pérez -tras las partidas de Daniel Torres, Jorge Ibarra, Gladys Goizueta, Orlando Contreras y Roberto Canela- muere la voz de una generación que logró, alguna vez, que Radio Rebelde estuviera al ritmo de la vida.

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