En todas partes

Porque estás en cada aterrizaje en La Habana, donde no tienes ausencia.

Porque esta ciudad de la que me enamoraste, nos pertenece a ti y a mí.                                                                                                                  A pesar de que esta es la primera vez que vuelvo sin que tú existas, Abuela.

                                                                                                             

Este es nuestro julio de resurrección. Esta es la historia construida por nuestra propia historia. Burlando la muerte, el verano de 2013 me situó en las mismas esquinas y calles de cuando los hechos reales sucedían sin que yo hubiera podido imaginarme una Habana sin mi abuela.

Ciudad de edificios grandes, de semáforos que asustaban,  de tránsito inesperado, de vacaciones repetidas, de zoológicos con el mismo elefante de toda la vida,de circos con acróbatas rusos, de restaurantes y servilletas, de escaleras eléctricas, de tiendas donde parecía haber de todo, de pizzerías y piopíos, de montañas rusas y africanas, de bombones y tazas voladoras.

Entonces La Habana era todo eso y abuela su protagonista, con sus rolos y pañuelo ajustado, con su humildad y su amor desbordante (pocas veces yo he podido estar seguro de que alguien me amaba desbordantemente) por la segunda generación de hijos que me tocó estrenar.

Es julio de sol intenso, como aquellos julios y agostos, donde abuela era mi madre y mi heroína de todos los años. Es julio y esa ciudad de infancia y adolescencia, resucita en la maravilla de una abuela que se resiste a olvidarme.

Es mentira que no estés, te encuentro en todos lados.

Escrito en julio de 2013. La Habana, Cuba.